martes, 22 de marzo de 2011

El papel del docente y otras ideas

Guía, facilitador, intérprete, colaborador, asesor, monitor, orientador, canalizador de la información son algunos de los términos que hemos usado en el primer módulo para referirnos a los docentes y a su papel ahora, en esta nueva etapa de la educación en la que nos hallamos. Y los definimos así en contraposición con el papel autoritativo y unidireccional que los profesores tenían antes, en el sistema tradicional.

Por su parte, el rol del estudiante ha cambiado también: ahora los alumnos participan activamente en la creación de contenidos, en el proceso de aprendizaje-enseñanza, compartiendo con sus compañeros y maestros, y ofreciendo su “feedback” mientras establecen relaciones no limitadas al tiempo y lugar de la clase.

Las TIC y la evolución de lo que ser profesor supone fueron parte de los debates de la primera parte del curso. Y la opinión mayoritaria es que el cambio no supone una pérdida de valor de lo que el maestro hacía y debe hacer, sino que ha habido un desplazamiento hacia una comunicación más fluida, una colaboración recíproca, constructiva, más motivadora y significativa. Las nuevas definiciones del docente, expuestas al principio de este artículo, son claramente positivas, enriquecedoras y amplificadoras. En relación con esta valoración, el artículo What Students Need from Teachers responde a la idea de que ya no enseñamos contenidos, sino que nuestra tarea va más allá. Aunque la autora es profesora de 6º grado (6º de Primaria en España), nos sirve para reflexionar.

Otra de las cuestiones que debatimos es el uso de las TIC como herramientas muy útiles y ahora imprescindibles al servicio de la enseñanza de lenguas. Muchas fueron las opiniones expresadas al respecto: ¿por qué hacer en digital algo que funciona y bien en analógico?, ¿qué hacer con el miedo que sentimos ante lo que no dominamos?, ¿qué pasa cuando la “técnica (el servidor, la página no carga...)” falla? A pesar de lo que no podemos controlar, coincidimos en las ventajas y preferimos el uso de internet y sus múltiples posiblidades cuando sea necesario, conveniente, rentable, productivo y significativo. Añadiría a esto el componente afectivo y el carácter motivador que para los alumnos supone “trabajar” en un medio en el que se sienten cómodos o que es su favorito. Sin duda llegamos más a ellos y aprenden mientras ponen en práctica y experimentan lo que aprenden (el objetivo de nuestras clases) con lo que ya dominan (los medios: ordenadores, iPod, iPad...) Este chiste me parece que lo explica claramente.

Alan November, uno de los pensadores más prestigiosos del uso de la tecnología en educación, propone crear una nueva cultura de la enseñanza y del aprendizaje que me parece que tiene mucho sentido. November ofrece la contraposición entre los que hemos aprendido con papel y los chicos y chicas de ahora que están creciendo inmersos en la era digital: para ellos el sentido de los límites de la información, donde ir a buscar respuestas, cómo conectar con el mundo es diferente a lo que nosotros hacemos. Ellos hablan esta lengua, nosotros la hablamos también, pero “con acento”.

Alan November confiesa que “pensaba que sabía mucho de educación. Pero cuanto más viajo y cuanto más veo, me doy cuenta de lo poco que sé, lo cual resulta difícil de aceptar”. El propio November propone ideas para hacer pensar, más que soluciones, y hablaba de plantearse “verdades fundamentales” que ya no funcionan. Resumiendo, él presenta, como nuevo marco del aprendizaje, enseñar a los alumnos a usar internet enseñándoles a pensar y a discriminar lo que encuentren en la red (da el ejemplo de un chico de dieciséis años que creía que el holocausto nunca existió porque así lo encontró en internet). Otra propuesta es animar a los profesores a compartir sus historias y experiencias, a no vivir aislados, sino compartir su sabiduría y conocimientos para beneficio de todos. (Algo así hicimos nosotros en el foro de presentación y con las posibilidades de Google.)

Una idea de November que me hace pensar y que conecta con lo tratado en el módulo anterior es que el gran cambio que viene no es en tecnología, sino en las relaciones. Poner a la gente en contacto es el gran cambio. Confieso que no he podido encontrar la fecha de publicación de este artículo y no sé si es de antes de Facebook y demás redes sociales, pero creo que tiene eco en nuestro curso en tanto en cuanto este nuevo modo de enseñar y aprender se basa precisamente en esas relaciones y en cómo las establecemos. Alan November hace hincapié en que “la verdadera revolución es acerca de la información y las comunicaciones. Lo que fluye a través de los cables, lo que fluye dentro de las cajas es más importantes que los cables y las cajas”. Por ello cree que hay que preguntarle a los profesores qué información quieren y qué relaciones quieren establecer y después decidir qué tecnología se compra. Mi interpretación es que primero necesitamos saber qué necesidades queremos cubirir y después decidiremos con qué ordenador, pizarra digital, etc., lo haremos.

Web 2.0 y competencia digital en ELE: ¿Qué opinamos los profes?

La introducción de las nuevas tecnologías ha supuesto una revolución en la enseñanza de lenguas, tanto a nivel institucional, como en la relación estudiante-profesor. La Web 2.0 no solo ha transformado el mundo de la información y la comunicación, sino también el de la educación. En pleno siglo XXI producimos información, además de consumirla, el conocimiento se ha democratizado y se construye de forma colaborativa. Así pues, los aspectos más relevantes de este nuevo entorno tienen que ver con el hecho de ser un espacio de aprendizaje, una fuente de información y un espacio de creación.


Sin embargo, todavía existe mucho miedo a convertirnos en docentes y aprendientes tecnológicos, algo que va desde “seguro que hoy que me he preparado la clase en la sala multimedia no funcionan los ordenadores”, a “profe, ayer no me pude conectar” o a “lo siento pero no creo que las pantallas digitales sean tan importantes para nuestros estudiantes”. Además, la tecnología hay que saber usarla… ¿no os habéis sentido identificados en alguna ocasión con este video?

¿Qué opinan los monjes?

Baltasar Pena Abal


La formación de unos y otros con respecto al uso de las herramientas digitales puede hacer que muchos de esos problemas y miedos iniciales se disipen y podamos explorar así las diferentes posibilidades que nos ofrece la web.


¿Qué posibilidades nos ofrece la web?


Como alumno…


En cuanto espacio de aprendizaje, los aspectos más importantes de este nuevo entorno son:

  • los nuevos roles que deben adoptar profesores y alumnos,
  • el paso del aprendizaje formal al informal,
  • la interacción entre profesor y alumno,
  • la construcción de conocimiento
  • y la mayor autonomía del alumno.

El alumno deja de ser un ser pasivo o un mero receptor de información y se convierte en la pieza principal. El proceso de aprendizaje y las herramientas utilizadas siguen estando centradas en él (como dicta el MCER), pero pasa a asumir el control de su proceso de aprendizaje. Dolors Reig, define este nuevo papel activo del alumno como “Participo, luego existo”. El alumno interactúa en el mismo plano con otros alumnos y con el profesor y entre todos construyen conocimiento. Esto supone de su parte una actitud más madura ante el conocimiento, así como el desarrollo de competencias digitales que antes no se requerían.


En cuanto a la mayor autonomía que la web 2.0 proporciona al alumno y al paso del aprendizaje formal al informal, en este nuevo entorno el alumno no aprende solo dentro de las cuatro paredes del aula. Las herramientas de la web 2.0 le ofrecen la posibilidad de un trabajo más autónomo, de investigar por su cuenta, de participar en redes sociales y entrar en contacto con realidades culturales diferentes a la suya, etc. El alumno no depende exclusivamente del profesor para aprender.


Como profesor…


Por lo respecta al papel del profesor, la aplicación de las TIC suponen cierta pérdida de control, así como de "jerarquía", ya que ahora habla de tú a tú con el alumno. Profesores y alumnos construyen conocimiento de forma colaborativa, participan mano a mano en el proceso de aprendizaje y reciben retroalimentación. Esto no quiere decir que el profesor pierda valor. Al contrario, sigue siendo fundamental pues, si bien pierde exclusividad en cuanto a ser el único transmisor de conocimientos, no abandona su papel de guía y facilitador de los mismos. Y, por otro lado, mantiene funciones como la de motivar o evaluar y obligaciones, como la de fundamentar el proceso de enseñanza en las necesidades del alumno.


Otro aspecto importantísimo tiene que ver con la dimensión afectiva del aprendizaje. Dolores Reig Hernández, en su texto "Elearning 2.0, bases, principios y tendencias" al definir la "misión del tutor 2.0" corrobora el valor del mismo. La autora habla de factores como la ya citada motivación del alumno, así como del fomento de su curiosidad, la oferta de los contenidos a demanda, la potenciación de los logros, de la autoestima para la participación. Cita también la confianza en las capacidades del alumno y de la capacidad del docente de convertir oyentes pasivos en agentes activos de conocimiento.


Por fin, Pedro Díaz Simal en "Web 2.0. Un paso más..." aporta otro argumento a favor del valor del docente en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Al hablar de la elaboración colectiva de contenidos, afirma que ahora ya no es el profesor el generador de contenidos, sino que es "el alumno el que trata de ensamblar un discurso coherente en continuo intercambio con los compañeros" y añade: "siendo la función del profesor la de tratar de estructurar la colaboración para que llegue a buen puerto".


En el fondo, tanto para el caso del alumno como para el del profesor, la utilización de las herramientas de la Web 2.0 supone más de un cambio de actitud que una cuestión instrumental, como afirma José Ramón Rodríguez Martín, para quien “podríamos hablar de una educación 1.0 más vertical, donde el profesor lo sabe y "se lo enseña" a sus alumnos, a una educación 2.0, más horizontal, cooperativa, que fomenta la autonomía, que invita a una nueva forma de aprendizaje (informal, invisible, conectivista) y que se sirve, por supuesto, de estas herramientas y servicios 2.0.


Al igual que en el caso del alumno, para el profesor la adquisición de nuevos hábitos derivada de la utilización de las herramientas de la Web 2.0 en el proceso de enseñanza, conlleva adquirir un cierto grado de competencia digital que le permita llevar a cabo satisfactoriamente su función.


¿Y qué es la competencia digital docente?



Para adquirir esta competencia digital docente, el profesor debe ser consciente de la importancia que conlleva y tener los recursos necesarios para acercarse a ella. Jordi Adell clasifica el proceso en cinco pasos:


  • Acceso
  • Adopción
  • Adaptación
  • Apropiación
  • Invención

Concluyendo…


El vacío de competencia, unido a la sensación inevitable de pérdida de control del proceso de enseñanza-aprendizaje (al menos en un primer momento), genera en el docente un cierto miedo a la hora de implementar las herramientas que nos ofrece este nuevo entorno. No obstante, el docente debe echar mano de su experiencia y del conocimiento de la materia que imparte para superar estos escollos planificando su trabajo y guiando al alumno adecuadamente. En la clase formal también lo hacemos: guiamos al alumno por unos caminos previamente delimitados, en una dirección concreta y le avisamos cuando se desvía o pierde el foco.


Por su parte, el alumno, si es joven, tiene mucha más intimidad con el ordenador y esto supone una ventaja de partida. Aunque no lo haya utilizado nunca para estudiar, muchos de ellos participan en redes sociales, utilizan el chat, juegan a distancia con personas a las que no han visto nunca, etc. No obstante, esto no quiere decir que sepan utilizarlas para aprender ni que sean usuarios críticos o eficientes, de la misma forma que no impide que en ciertos momentos no se sienta solo, abandonado, al hacer un curso online o al utilizar las herramientas de la web 2.0. El alumno necesita también adquirir competencia digital y cabe al profesor saber poner virtualmente la mano en el hombro del alumno, de la misma forma que lo hacemos en nuestras clases tradicionales.


A pesar de que muchas instituciones siguen impartiendo la enseñanza en espacios virtuales cerrados y sus esquemas de relación de enseñanza-aprendizaje se basan por lo general en los mismos roles que en la enseñanza física tradicional, etc. en la medida de lo posible debemos intentar explotar todas estas posibilidades que nos ofrecen las nuevas tecnologías y que son inmensas, desde desarrollar la autonomía en el aprendizaje o la interacción alumno-profesor hasta el intercambio de ideas y de conocimiento compartiendo información y aprendiendo dentro de un medio real.


Para ello, para poder fomentar el aprendizaje colaborativo, para acercar los espacios, eliminar la distancia y democratizar el conocimiento, es para lo que estamos creando una competencia digital docente.


Autores:

María Gomez Bedoya

Baltasar Pena Abal